El aceite de ricino se lleva utilizando en medicina desde hace más de 4.000 años. Ahora sabemos por qué: contiene un 90 % de ácido ricinoleico, uno de los pocos compuestos naturales que se ha demostrado que descompone la biopelícula, el escudo protector que crean los parásitos para esconderse del sistema inmunitario.
Sin embargo, no todos los aceites de ricino son iguales.
La mayor parte del aceite de ricino que hay en el mercado se extrae mediante calor y se procesa con hexano, un disolvente químico que destruye el contenido de ácido ricinoleico. El que se encuentra por 9 dólares en Amazon está pensado para el cabello y la piel. Nunca se diseñó para penetrar en los tejidos en concentraciones terapéuticas.
El nuestro se obtiene mediante prensado en frío, no contiene hexano y está optimizado para la absorción transdérmica. Eso significa que, cuando se aplica sobre la piel con compresión y calor corporal, el ácido ricinoleico llega con toda su potencia al tejido que rodea los intestinos, justo donde los parásitos se incrustan y construyen sus barreras.
La compresa mantiene ese contacto con una compresión constante durante 6-8 horas mientras duermes.
Pruébalo sin compromiso →